No es cosa de comprar a “tontas y a locas”; hay que partir por definir en qué habitación dormirá el pequeño. Y, aunque parece lógico, no siempre se toman buenas decisiones al respecto.
Lo ideal es que, desde pequeños, tengan un espacio propio en donde se identifiquen y desarrollen un sentimiento de pertenencia. El primer paso es contar con una cuna, un mudador y un armario donde disponer los pañales, el aceite y el talco. De ahí en adelante, todo depende de su imaginación.
Hoy el mercado dedicado al mobiliario y decoración de piezas de bebés es muy amplio. Por lo mismo, hay que detenerse y pensar qué es lo que se quiere.
Las piezas de las guaguas deben ser lo más sobrias posibles, evitando la mezcla de muchas tonalidades y el apilamiento de juguetes, peluches y móviles de colores.
Es una mala costumbre llenar las habitaciones con toda clase de artículos, pues impide que vayan descubriendo el mundo poco a poco y, en cierta manera, los obliga a captar toda la información que les llega sin poder procesarla de manera correcta.
Se recomienda pintar la habitación de colores suaves y que inspiren tranquilidad como los beige, celestes claros, lilas y rosados; incluso los colores amarillos pálidos se han vuelto muy cotizados. Los azules y rosáceos ya no son exclusivos de niños o niñas respectivamente, aquí la correcta combinación puede ser un punto decisivo.
Con respecto a los juguetes, la última moda son los ositos de género. Una tendencia popular a principios de siglo que ha vuelto en gloria y majestad. Los osos de diversos colores y estampados son ideales para un recién nacido ya que se pueden lavar y no acumulan ácaros como los conocidos peluches.
Fuente: www.portalinmobiliario.com Edición Almagro |